jueves, 12 de octubre de 2017

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España - Bernal Díaz del Castillo

Hace 525 años que España descubrió América, en 1492


En 1517, desde La Habana, el gobernador Diego Velázquez envía una primera expedición a tierra firme, al continente, encabezada por Francisco Hernández de Córdoba, descubridor de Yucatán, en busca de oro, plata e indios para evangelizar. En este viaje estaba el cronista de la obra que hoy comento, Bernal Díaz del Castillo...


Historia verdadera de la conquista de la Nueva España

Editado por la Real Academia Española


Historia verdadera de la conquista de la Nueva España - Bernal Díaz del Castillo - Nueva España - Hernán Cortés - Real Academia Española - RAE - México - el troblogdita - Apocalypto - el troblogdita - ÁlvaroGP - Agustín Díaz Yanes "Oro"
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En 1518 hubo un segundo asalto al continente, a cuyo frente iba Juan de Grijalva, acompañado, de nuevo, por nuestro protagonista y cronista. No fue  fructífero pero recopiló información valiosa para la tercera expedición, la de Hernán Cortés. También iba Bernal del Castillo.


Hernán Cortés retratado por Ferrer-Dalmau - Ferrer-Dalmau - Historia verdadera de la conquista de la Nueva España - Bernal Díaz del Castillo - Nueva España - Hernán Cortés - Real Academia Española - RAE - México - el troblogdita - Apocalypto - el troblogdita - ÁlvaroGP - Agustín Díaz Yanes "Oro"
Hernán Cortés - Retrato hecho por Ferrer-Dalmáu
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En 1519 zarpó la expedición definitiva, la de Hernán Cortés, envuelta en mística conquistadora y en el escándalo administrativo. Hernán Cortés había recibido el encargo de preparar "un armada" para ir a Yucatán, y lo hizo. Pero en el intervalo Diego Velázquez, una pieza el muy señor, se lo piensa mejor y decide sacar partido de la expedición enviando a alguien de mayor confianza para poder meter mano en el asunto. Hernán Cortés se lo huele y, sin dejar que pase el tiempo, como sus últimas órdenes eran zarpar, él va y zarpa. No puedo imaginar la cara de tonto que se le quedaría al Gobernador cuando llegara al puerto de La Habana y no viera ni un barco.

Una muestra de la astucia y los reflejos del conquistador. Pero esta decisión será un lastre que lo acompañará durante el resto de sus días. Diego Velázquez se convierte así en su enemigo declarado y pone precio a la cabeza de Cortés. Intentará detenerlo, retenerlo, desprestigiarlo, perseguirlo, capturarlo, juzgarlo, ejecutarlo o asesinarlo por activa y por pasiva, en secreto o enviando ejércitos contra el extremeño. Pero nunca conseguirá su propósito.


Escena de la película 1492: La conquista del Paraíso de Ridley Scott - Historia verdadera de la conquista de la Nueva España - Bernal Díaz del Castillo - Nueva España - Hernán Cortés - Real Academia Española - RAE - México - el troblogdita - Apocalypto - el troblogdita - ÁlvaroGP - Agustín Díaz Yanes "Oro"
Escena de la película 1492: La conquista del Paraíso de Ridley Scott
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Hernán Cortés inicia la tercera incursión en Yucatán y pronto, muy pronto, pondrá su mira en México, Nueva España.

De todo esto será testigo nuestro autor, Bernal del Castillo. Presente en las tres expediciones y protagonista de toda la conquista de Nueva España, tanto como Cortés, incluso más, por sus dos primeras incursiones, fallidas, pero incursiones al fin y al cabo.

¿Y por qué escribió este libro?

Bernal del Castillo no tenía inclinaciones retóricas, no era escriba ni le movía el deseo de aparecer en las bibliotecas. Escribió este libro para reivindicar la actuación del grupo de conquistadores. Para hacer ver y entender el esfuerzo que supuso y para dar a conocer las calamidades que vivieron, lo bueno y lo malo de su armada. Escribió todo esto en respuesta (y queja) y repulsa hacia la Crónica oficial de la conquista de Nueva España, escrita por Francisco López de Gómara, por encargo del mismísimo Hernán Cortés.

Bernal del Castillo leyó dicha crónica y tuvo que tirarse de los pelos al leer las atrocidades y tergiversaciones que el autor reflejaba en su crónica. Un escriba profesional que escribió de oídas lo que no presenció. Este será el punto que hará que le hierva la sangre a Bernal del Castillo. Él se embarcó tres veces y combatió a cara de perro en más de cien combates, siempre contra cifras de indios desproporcionadas, sin cuartel, sabiendo que no había paso atrás porque los conquistadores no tenían a dónde ir, a dónde recular, era todo o nada, vida o muerte. Y va el de Gómara y edulcora la historia. Qué digo edulcora, la lleva a la ficción y se la termina inventando. Del Castillo no estaba en contra de las invenciones: hasta cierto punto le importaba un bledo. Lo que enervó al autor fue que de Gómara trivializara con el esfuerzo de los aguerridos españoles en la conquista de la Nueva España. De Gómara ensalzará las virtudes de los españoles hasta el paroxismo y la estupidez. Hace propias las visiones indias en las que los conquistadores eran dioses encarnados y rebaja la tensión física del combate, la tensión psíquica de pasarte 90 días batallando, a razón de cuatro y seis combates diarios, para decir que los españoles derrotaban a los indios sin esfuerzo alguno, por su mera presencia divina. Del Castillo se rebela y se pasa dieciséis años escribiendo este manuscrito (originalmente impreso por el Consejo de Indias) para rescatar el valor de las dos civilizaciones.

Hace justicia al indio. Rescata su honor y su valor. Y lo deja en el puesto que se merece, el de combatientes feroces que no saben terminar de encajar el choque de civilizaciones que está teniendo lugar en su tierra.

Y rescata el valor de los españoles que en número irrisorio batallarán día y noche. No fue un paseo. Meses enteros sin quitarse las botas, sin quitarse el morrión, sin quitarse la armadura, los caballos sin desensillar, sin quitarles el bocado, lanza en ristre, con la ballesta a cuestas y con el arcabuz cebado.


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Escena de la película Apocalypto de Mel Gibson
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Porque estaban en América, pero eran los mismos tercios españoles que había formado el Gran Capitán en Italia. De hecho la mayor parte de ellos eran veteranos de Italia. Del período de transición entre los Reyes Católicos (monarcas cuando Colón) y Carlos V, (monarca y emperador con Hernán Cortés), ya en Flandes, por cierto, repartiendo estopa en media Europa y empezando a repartirla en América.

Esos mismos tercios invictos eran los que se abrían paso a machetazos por Yucatán, literalmente. Cuando no cortaban el follaje, cortaban piernas y brazos, pero siempre avanzando. Y con su equipo los mantuvo en tensión, siempre vestidos, siempre uniformados, siempre tensos y nunca relajados. Siempre en guardia porque los indios no daban tregua y un despiste supondría ser eliminados del mapa. Todos, cual hoplita griego, como los espartanos de 300, cerrando filas y avanzando al paso. Todos a uno como en Fuente Obejuna (o "Fuenteovejuna"), peleando con el indio cara a cara, pie a pie, duros en la refriega.

Este es el verdadero y único motivo que provocó que Bernal del Castillo escribiera esta obra, y doy gracias a Dios por ello porque me ha descubierto una maravilla de nuestra Historia Moderna, de la conquista de Nueva España y me ha descubierto cosas que no podía ni imaginar.

Conforme avanzaba en mi lectura me quedaba ojiplático.


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Escena de la película Apocalypto de Mel Gibson
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Recuerdo el revuelo que se produjo entre la colonia latinoamericana, en California, cuando Mel Gibson estrenó Apocalypto. Lo tacharon de xenófobo, de racista y de mentiroso. Él ilustraba sacrificios humanos a los dioses por parte de los indios. Motivo para sufrir boicot y casi peligrar la película porque se daba una versión y visión salvaje de los indios precolombinos.

Esta lectura me ha quitado una venda de los ojos.

He disfrutado leyéndola y a veces hasta me ha desagradado leer según qué pasajes. Sobre todo cuando describe Bernal del Castillo las casitas que los indios tenían en todos los poblados dedicadas a sus dioses, el de la Guerra y demás. Tenían imágenes de sus ídolos acompañadas por los restos humanos de los rivales de turno: si era tras un combate podías encontrarte un corazón, una cabeza, un brazo, un tronco humano. No quiero imaginar la congoja que tendría que darle a los españolitos al meterse en uno de estos sitios, a oscuras, con un par de antorchas y ahumados, y encontrarse el rostro de un camarada (la expresión "camarada" viene de los Tercios) sacrificado. Se habrían comido sus extremidades y en el altar ponían el tronco y el cráneo como ofrendas para sus idolos. La piel de la cabeza (incluido el cuero cabelludo) lo extraían y secaban para después rellenarlos de paja. Camaradas y caballos desecados... qué estómago. No olvidemos que para los mexicanos, "caballo y caballero eran uno".


Escena de la película ORO de Agustín Díaz Yanes - Arturo Pérez-Reverte - ORO - Historia verdadera de la conquista de la Nueva España - Bernal Díaz del Castillo - Nueva España - Hernán Cortés - Real Academia Española - RAE - México - el troblogdita - Apocalypto - el troblogdita - ÁlvaroGP - Agustín Díaz Yanes "Oro"
Escena de la película ORO de Agustín Díaz Yanes - Arturo Pérez-Reverte
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Y no olvidemos que, por encargo de los Reyes Católicos primero y de Carlos V después, el objeto de la colonización, amén de para buscar oro con el que financiar todas las guerras por venir en Europa y contra el turco, era una colonización para expandir su nación e incluir en ella a los indios naturales como iguales, como españoles, y de paso, bautizarlos para hacerles entender nuestra religión y nuestro idioma como vehículo hacia la civilización. Hacia "nuestra civilización", porque ellos tenían la suya, pero a ojos españoles (y católicos) querían rebajar su crueldad y eliminar cultos paganos en los que se sacrificaban y comían humanos.

Digo "a ojos españoles" porque las prácticas esclavistas fueron muy diferentes a las que practicaron los holandeses, franceses ingleses y después los portugeses. Los españoles solo esclavizaron a tribus hostiles. Pero no nos engañemos. No podemos juzgar aquellos siglos con los ojos del s. XXI. Esclavos había. Los musulmanes y los cristianos se esclavizaban mutuamente. Y cuando las demás naciones europeas empezaron a colonizar territorios de ultramar basaron sus economías en el esclavismo, cosa de la que renegó España desde que Cristóbal Colón puso un pie en América.


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Aquellos indios recurrían a esclavos para meterlos en despensas humanas. Despensas porque el indio era alimento de otros indios, si te tocaba. Había tal enfrentamiento entre tribus que hacían rafias para raptar mujeres, niños, hombres... unos los destinaban a ser esclavos y otros pasaban a la dieta cotidiana. Los engordaban para comérselos. Sin más. Sin menos.

El propio Moctezuma tenía cada día un centenar de platos diferentes para elegir su menú a su antojo. Pero por lo que fuera... cuando no se decidía solía pedir que le hirvieran un bebé para comérselo.

Este es el panorama que se encontraron los españoles al llegar al continente americano. Poco alagüeño.

Hernán Cortés hizo bueno el "divide y vencerás".

Se adentró en Yucatán rumbo a México. Supo de inmediato que México contaba con una confederación de tribus que lo hacían omnipotente. Pero también contaba con enemigos: todos aquellos indios limítrofes que no se querían someter al poderío mexicano y guerreaban cuando se recuperaban, o mandaban tributo humano para los sacrificios, dieta y mano de obra esclava mexicana. Así pues no faltaron aliados a Cortés.

En torno a 200 españoles para conquistar todo México, toda Nueva España. Los aliados, en función de la campaña aportaron entre 1.000 soldados nativos y 20.000, con picos para arriba y para abajo, para enfrentarse a la confederación que sumaba más de 100.000 soldados duros y aguerridos (como los de Apocalypto) sedientos de sangre y hambrientos de carne humana. Era frecuente que en los combates los mexicanos cantaran cosas parecidas a "os vamos a comer" y lindezas por el estilo.


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Pero conquistaron México.

Y al conquistarlo reciben noticias, de nuevo, del gobernador de Cuba, Diego Velázquez. En concreto había mandado un ejército de más de 1.000 españoles para tomar preso a Hernán Cortés. Y como al extremeño no le faltaban atributos, ni corto ni perezoso puso rumbo con su tropa hasta Veracruz.

Hago un alto en la narración para explicaros Veracruz y su por qué. Hernán Cortés fundó la Villa Rica de la Vera Cruz con dos propósitos. El primero y práctico, como cabeza de playa. Allí tomaron tierra y levantaron un pueblo a la española, fortificado y como cordón umbilical con Cuba. Es el sitio del famoso "quemad los barcos" aunque no se quemaron. Para evitar deserciones, Cortés mandó desfondar los barcos. 200 españolitos en un mundo por conquistar y va el jefe y elimina la única vía de escape, con un par. Funda pues esta ciudad para mantener un reducto fortificado en retaguardia, dejando un puñado de hombres, con el propósito de avanzar hasta México (ciudad). Pero en el fondo había una argucia legal.


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Escena de la película ORO de Agustín Díaz Yanes - Arturo Pérez-Reverte
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Diego Velázquez tenía total autoridad sobre los expedicionarios que partían de Cuba. Al fundar la primera ciudad se creó el primer ayuntamiento y la figura legal mutó de expedicionario a colono. De ahí que destrozaran los barcos. Por extensión, el barco con pabellón español seguía bajo autoridad de Diego Velázquez. Cortés se convirtió en el primer alcalde de México y sus conciudadanos (los soldados) lo erigieron Capitán General plenipotenciario: adiós a la autoridad de Velázquez. Desde este momento no enviaría ni oro ni documentos a Cuba. Prepararía barcos para enviar ambas cosas directas a Flandes, donde estaba el emperador, borrando intermediarios.

El caso es que para cuando llegaron los 1.000 soldados de Cuba, comandados por Narváez, los conquistadores que seguían vivos, salvo algún que otro traidor, que siempre los hay, eran una piña. Eran una máquina de matar y avanzar capaz de enfrentarse a 100.000 guerreros y sobrevivir. Por eso se fueron al origen del problema. No les quedaba pólvora, por lo que tenían que enfrenarse con lanzas y espadas a jinetes, arcabuceros, ballesteros y piqueros, pero conocían el terreno y estaban de vuelta. El caso es que pasaron por la piedra a la tropa de Narváez. Mataron a un buen puñado y sobrevivieron unos 800, que sumados a los casi 200 de Cortés volvían a ser unos 1.000 que restablecieron las paces y volvieron a México.


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Mención aparte a los jinetes. Verdaderos dioses a ojos de los indios. Éstos tenían que combatir en filas y en oleadas, con la lanza alzada a un tercio por debajo del caballo para no ser desmontados y no perder lanza ni caballo. La orografía del lugar y los enjambres de guerreros a los que se enfrentaban hicieron que tuvieran que apañárselas con esta táctica que tan buenos resultados les dio.


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México estaba a cargo de Cristóbal de Olí, quien mantenía preso a Moctezuma (voluntariamente preso, porque había desarrollado una amistad con Herán Cortés y porque estaba convencido de que los "teules" eran esos dioses que había visto en sueños) mientras Cortés iba y (si vivía) volvía de Veracruz. El caso es que algunos caciques mexicanos aprovecharon la marcha de Cortés para pedir celebrar un ritual con Moctezuma y sus líderes espirituales. Cristóbal de Olí lo autorizó pero se le escapó de las manos al comprobar que los chamanes entonaban cánticos que delataban su verdadero propósito: sacar a Moctezuma y comerse a los españoles. Preso del pánico el de Olí metió la pata y pasó a cuchillo a los invitados.

Esto, aparte de un deshonor, puso a la población de México en contra de los españoles de nuevo. Todo mientras la verdadera autoridad estaba fuera. Y Cortés volvió y se encontró un panorama nada halagüeño. Para no ser interminable os diré que la suerte del propio Moctezuma estaba echada. Muchos aztecas (de la triple alianza) daban por condenado a Moctezuma, por haber amigado con los españoles (él pensaba que eran los dioses blancos que dominarían su imperio después de haber visto un meteorito y soñado con estos guerreros divinos), la verdad es que lo lapidaron y su sobrino le sucedió. Sediento de sangre. Tanto que puso a los españoles en jaque y los hizo huir de nuevo hasta Veracruz al grito de "sálvese quien pueda" (por no decir aquello de "maricón el último", tan ochentero y tan políticamente incorrecto en nuestros días). Episodio narrado por Pérez-Reverte en su novela corta Ojos azules

El caso es que los españoles salieron en estampida huyendo con una proporción de más de 100 indios por español pisándoles los talones. Cayó un tercio de la tropa española. Tuvo que haber escenas dignas del mejor Tarantino. Los españoles iban poblado por poblado pidiendo auxilio y en los más los mataban y los menos les auxiliaron.


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Pero Cortés sobrevivió. Llegó a Veracruz. Y tuvo meridianamente claro quién había auxiliado a los españoles y quién no. Vuelta a empezar. Reforzó los lazos con los indios que sí habían prestado ayuda a los españoles, rehízo el ejército, reclutó un par de decenas de miles de indios y volvió a poner rumbo a México.

No voy a contaros cómo se pasaron 90 días librando una misma batalla. Tampoco cómo allá por el día 60 los indios se volvieron a sus poblados. Ni cómo quedando medio millar escaso de españoles y después unos cuatrocientos, se sentaron para tomar una decisión: resistir hasta morir o volver a huir. Aunque Cortés tenía una tercera en la manga: cargar de frente contra los Mexicas y conquistar la ciudad a sablazos.

El caso es que funcionó. Tanto que no volverían a perder su dominio.


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Y hasta aquí he llegado. ¿Faltan detalles? Muchísimos. ¿Faltan episodios? Decenas de ellos. ¿Faltan protagonistas? a puñados. Falta el viaje a España de cortés, su entrevista con Carlos V y cómo cae en gracia y en desgracia y de nuevo en gracia. Falta aludir a su poco proporcionado sentido de equidad al repartir el oro y falta hablar de la lealtad que todos le profesaban porque se los ganaba combatiendo codo con codo con sus soldados, abriendo brecha y siendo siempre el primero en entrar en combate. Pero si lo quieres descubrir mejor lee este libro editado por la RAE. Una joya, de verdad.

Ahora que menciono a la Real Academia, y dado mi carácter de filólogo, dejadme puntualizar un último dato: nada de esto se podría haber hecho sin el correcto uso del idioma. Cortés encontró a Aguilar, un español hecho preso en una incursión, ocho años antes. Él y otro español que nunca regresó entre los europeos pues de había aindiado del todo. Aguilar hablaba maya y lo podía traducir al español. Al llegar a Tabasco los jefes locales regalaron 20 mujeres a Cortés, para repartirlas entre sus hombres. De entre estas 20 destacó "Malinche", hija de un jefe azteca y esclava. La tal Malinche hablaba maya también, lo cual cerró un triángulo entre Cortés, Aguilar y la recién bautizada "Marina" para poder traducir del azteca al maya y del maya al español y viceversa. Camino allanado para lograr negociar con los caciques locales.

Además Marina "la lengua", tenía una gran personalidad y un profundo conocimiento de su gente, sumados a su intuición. Malinche no traducía literalemente lo que oía. Lo interpretaba, dando una base de conocimientos locales a Cortés que bien le sirvieron en su conquista.


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Ya he mencionado antes Apocalypto, y os recomiendo también que veáis 1492: La conquista del paraíso y La Misión, y Aguirre, la cólera de Dios. El mes próximo, para colmo, Agustín Díaz Yanes estrenará Oro, creo que basada, precisamente, en Ojos azules de Pérez-Reverte, digo "creo" porque no tengo la certeza, pero si es así pienso ir a verla en cuanto la estrenen. Y puestos a recomendaros películas, para que entendáis el concepto de "tercios españoles" que componían nuestras tropas de conquistadores, os recomiendo (por alusiones a Arturo Pérez-Reverte y a Agustín Díaz Yanes, Alatriste, para que tengáis una hemorragia de placer al verla).

Dado que hemos hablado de Hernán Cortés, os remito a otro artículo en el troblogdita, publicado en 2014 bajo el título "Chocolate para los idólatras del sorbo" en el que os cuento cómo Hernán Cortés introdujo el chocolate en Europa, el furor que causó y cómo se adaptó a nuestro paladar gracias a unos monjes...

martes, 10 de octubre de 2017

Cataluña... ¿independiente?

Cataluña independiente - Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, Zapatero y Mariano Rajoy, los responsables de esta ruina que llamamos España - 3% - ETA - GAL - Podemos - Educación - Medios de Comunicación - el troblogdita
¿Cataluña... independiente?
Adolfo Suárez - Felipe González - José María Aznar - Zapatero - Mariano Rajoy - Responsables de esta ruina que llamamos España - 3% - ETA - GAL - Podemos - Educación - Medios de Comunicación - el troblogdita

¡Qué fácil resulta mirar al otro lado y señalar a los responsables con el dedo!


Puyol, con el 3%... y todo el dinero que ha robado a Cataluña y al resto de España... Que si Puigdemont es un fundamentalista vendido a la CUP, los de Ezquerra republicana, las ambigüedades del PSC... y los antisistema podemitas haciendo daño aquí y allí...

Eso hemos hecho durante 40 años de harakiri.

40 años cortándonos el vientre denunciando responsables del enconamiento y la radicalización del nacionalismo catalán.

No señores.

Los responsables han sido nuestros, "los nuestros". De Suárez a Rajoy. Los cinco presidentes que hemos tenido en democracia, los cinco que han arrinconado a España hasta asfixiarla y llevarla al extremo de quedar mutilada en estos días cuando nos amputen, si se amputa de verdad, Cataluña.


Puedo contar a los responsables del problema español con los dedos de una mano


Adolfo Suárez hizo equilibrios y demostró cintura para lograr la transición. Claro que negoció y legalizó al Partido Comunista (ahora absorbido por Podemos) y fue el verdadero Dr. Victor Frankenstein de esta España que son (o han sido... quién lo sabe) las Autonomías.

Las Autonomías no han servido para nada bueno, solo para retirar a dinosaurios políticos y alimentar a los militantes de los diferentes partidos políticos: parásitos de España en todos sus rincones, desde Murcia a Galicia, de Cataluña a Canarias. Allí donde hay una Comunidad Autónoma hay centenares de cargos públicos que son eso: un cargo.

Pero lo peor de todo es que estas Autonomías apuntaron a Madrid con el dedo tachándolo de centralista y por miedo a resucitar a Franco, nos desprendimos de las competencias que tienen que ser uniformes si se quiere igualdad de oportunidades en la Educación, la Sanidad... me quedo, sobre todo, la Educación: los colegios de esta España de las Autonomías han sido y son ikastolas políticas en las que estudiar los ríos de Madrid, las provincias andaluzas, el caganet catalán, y la madre que los parió a todos. En España se estudia todo y todo son estupideces. Se estudia todo menos lo que garantiza una sociedad libre, porque queremos borregos como los que han puesto patas arriba Cataluña. Y no hemos hecho más que empezar.

El origen pues, en Suárez.

Felipe González y Aznar, cada cual a su estilo, se apoyaron en Puyol, que seguía mandando hijos a Andorra arrastrando maletines, eso sí, escoltados por los Mossos de escuadra, o como se escriba, me refiero a los guardaespaldas públicos de los políticos catalanes. El uno haciendo la vista gorda al 3% y el otro hablando catalán en la intimidad. Todo con tal de no hacer gobiernos de unidad en los que Partido Socialista y Partido Popular supieran aparcar sus diferencias por el bien de todos. No, antes negociaban con Cataluña o se ponían txapela. Eso sí, cuando González se hartó le faltó ponerse un pasamontañas y liarse a pegar tiros él mismo contra ETA. En vez de legitimar a los cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado va y te crea el GAL, para terminar de legitimar a los terroristas.

Luego vino Zapatero. Un cero a la izquierda. Muy a la izquierda. Tanto que su patria era el viento y su gobierno aceptaría el estatuto de Cataluña que trajera el Parlament.

Todo con pólvora del Rey.

Por si no lo entiendes, me refiero a que les salía gratis, que los paganini éramos, somos y seremos nosotros.

Hasta que llegó el Mesías. Rajoy iba a cambiar la Ley electoral para quitar peso a los independentistas, iba a recuperar la Educación... Iba, iba, iba y lo único que hizo fue clavarnos el IVA. Se metió en su caverna, se encendió un puro y a dejar que pasara el tiempo. Seis años vagueando. 

Cataluña ha celebrado dos referendum ilegales y hoy a proclamado su Independencia


Con dos cojones. Bueno, un poco a la remanguillé, con voz aflautada, en plan cutre y acojonado el Puigdemont, porque sabe que como le salga el tiro por la culata le van a hacer un último tango en París cada día por los próximos 15 años, en la trena. Los del otro lado y, sin mantequilla los suyos.

Pero por mucha grima que me den los políticos catalanes. Porque no es pena, ni odio. Es grima. Si los miras de cerca deben estar plagados de polillas, como los osos perezosos. Pero ellos han hecho lo suyo, cosa que no podemos presumir los demás españoles.

La mayoría silenciosa ha sido silenciosa hasta el domingo pasado, entre otras cosas porque no iba a votar en las diferentes elecciones. Siempre la misma canción: "sí, ha ganado CiU pero mira la abstención... que son mas que no le votan que los que sí". Pero sin votar, hasta que ya es tarde. Y si no votas no cuentas y de eso se han valido estos políticos, que han ganado no por lo que han dicho sino por lo que los demás hemos callado.

Por eso y por la Educación y por los medios de comunicación. Que Cataluña está arruinada pero cuenta con un entramado político en sus escuelas y medios que ya lo quisieran los Corleone para si.

Pero insisto, han hecho lo que han prometido a sus votantes. Como los de Podemos en Madrid. ¿Que han revolucionado el patio? Claro, lo prometieron y lo cumplen, cosa que no hace Rajoy, por ejemplo.

Y así nos va.

En fin, que no sé cómo va a terminar esta historia. Pero os pido una cosa, cuando busquéis los responsables de que España se vaya a tomar por saco, por favor, no seáis hipócritas y no responsabilicéis a Puigdemont, a Mas ni a Puyol.

Los responsables son nuestros, se apellidan Suárez, González, Aznar, Zapatero y Rajoy

lunes, 9 de octubre de 2017

Los últimos de Filipinas: Mito y realidad del sitio de Baler

Los últimos de Filipinas

Mito y realidad del sitio de Baler

Miguel Leiva y Miguel Ángel López de la Asunción


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Los últimos de Filipinas: Mito y realidad del sitio de Baler
Miguel Leiva y Miguel Ángel López de la Asunción
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Con mención a 1898: Los últimos de Filipinas, que pronto comentaré en el fancine

No sabría deciros cuánto tiempo me ha llevado decidirme a escribir esta entrada. Demasiado, eso seguro.

Una entrada deseada y esperada, por mi el primero, pero que se me ha resistido como gato panza arriba. Bueno... se me ha resistido como un español en Baler.


Dándolo todo, careciendo de todo, menos del sentido del deber y su orgullo


Aquí estoy, remangado, con los cascos puestos (escuchando a Mark Knopfler en la banda sonora de Altamira) y dispuesto a hacer justicia a unos españolitos, como tú y como yo, que supieron honrar a España en el quinto pino, olvidados, denostados, tomados por locos, injuriados, asediados, enfermos y hambrientos.

Unos españoles que pusieron, sin saberlo, el broche a un Imperio



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Para mejor entender mi referencia al Imperio español me vais a permitir resumirlo (si es que soy capaz) y darme un paseo por cómo llegamos hasta este episodio épico de nuestra Historia. Para que tenga sentido.

Un Imperio que nació del esfuerzo de todos los pueblos cristianos de España. Un Imperio que se forjó con acero y sangre. Un Imperio que nació en Asturias, también sin saberlo: que unió y reunió a todos aquellos que luchaban por su Libertad, por su identidad y por su tierra. No faltaron guerras fratricidas (si no no os estaría hablando de la Historia de España: sirva como ejemplo echar un vistazo a Cataluña y la que han liado en los últimos meses los despojos que tenemos por políticos) entre cuyas figuras históricas y legendarias destacó nuestro Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. Reinos hispanos que supieron lamerse sus heridas: castellanos, aragoneses, leoneses... aparcaron sus diferencias e hicieron causa común para defender su credo y su tierra. Rivales amigados. Castellanos, leoneses, gallegos, aragoneses e incluso portugueses apuntaron al sur con sus mandobles y extirparon el mal que asolaba la península al grito de "¡Cierraspaña!"


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Iglesia de Baler en la que nuestros héroes se hicieron fuertes y resistieron el asedio - Foto autorizada por los autores del libro
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Recuperada la península por los Reyes Católicos, España se les quedó pequeña, como españolitos (incipientes) que eran. Se unieron a Colón y no dudaron en cruzar el charco para poner la bandera blanca y verde de nuestros monarcas con su Y (de Ysabel) y la F (de Fernando): origen del yugo y las flechas que han lucido nuestros monarcas hasta Juan Carlos I, con Felipe VI se esfumaron.

El mismo "¡Cierraspaña!" que entonaron nuestros tercios, con el Gran Capitán en cabeza. CervantesAlatristes anónimos, hijosdalgo, soldados, nobles y plebeyos... todos a una durante siglos.

Qué contaros. España descubrió América y conquistaron Nueva España y buena parte de América con los Hernán Cortés, Pizarro y demás conquistadores. Con los años, fletamos naos (Victoria con Magallanes primero (el portugués que precisamente tomó Filipinas para España) y Juan Sebastián El cano después, amén de Trinidad, Santiago, San Antonio y Concepción), que dieron la vuelta al mundo, conquistaron medio y el otro medio los temió. Mejores barcos, mejores navegantes, mejor infantería del mundo (los Tercios Españoles)... lo teníamos todo. Con el paso de los años aparecerían los Bernardo de Gálvez, Blas de Lezo... y un sin fin de héroes olvidados y denostados que defendieron nuestra Cruz de Borgoña en el Imperio en el que nunca se ponía el sol: desde Argentina hasta Alaska (llegando a entrar en guerra con el Imperio Ruso); desde el Perú hasta Filipinas. Y a un tris estuvimos de colonizar decentemente "Austrialia", la posterior Australia.

El mismo "¡Cierraspaña!" con el que tendrían pesadillas los filipinos que asediaron a nuestros valientes... El "¡Cierraspaña!" santo y seña de los hijos de Santiago.

En Baler perdimos todo, menos la honra.

Se pueden perder imperios... pero solo lo pueden perder quienes lo han tenido. 

Y el español se perdió, a la española. Con chulería.

Damos un salto de quinientos años para no retrasar más mi entrada en materia con los de Baler. Desde que Colón plantó la cruz en América, y con ella la bandera cuartelada del castillo y del león. América, trampolín para llegar hasta Asia, y dentro de Asia, a Filipinas. 300 años en la especería de Ultramar, donde Cristo perdió los clavos.

Pero todo lo bueno tiene un final.

Nuestro Imperio iluminó durante siglos al resto del mundo. Y tanto ardió, que se consumió. Enquistado en peleas fratricidas, a cuchilladas con regiones traidoras (insisto: de total actualidad) y rodeados de hienas que esperaban que cayera el león para arrancarle la piel a tiras. El león cayó, pero antes de cerrar los ojos, dio un último zarpazo... en Baler.


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Allí un puñado de soldados hizo que España fuera respetada, incluso cuando la arrancaban la piel a tiras. El Batallón Nº2 de Cazadores Expedicionarios izó la bandera de España en Baler e hizo valer el valor español haciéndose fuertes en una iglesia. Resulta alegórico que la última protección que recibiera nuestro Imperio fueran las cuatro paredes de una iglesia, cimiento de civilización y de moral implantada por los nuestros allá por donde pasaron (ya podéis leer "Hernán Cortés y La Historia verdadera de la Conquista de Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo", con la que prometo sorprender a más de uno).

Valientes españoles que, aislados del mundo entero, desconocieron la realidad agónica de la España de su tiempo y se enfrentaron a un episodio histórico que puso un broche de oro a un episodio triste. Una vez más, la dignidad de España, dirigida por ineptos fue rescatada por los españoles de a pie, con su sangre, valor, orgullo y sacrificio.

Cuando estos españoles se hicieron fuertes en la iglesia de Baler, España estaba a punto de perder Filipinas. Pero ellos lo desconocían. Por lo tanto, asediados como estaban, no les quedó otra que tirar de épica y fortificar la iglesia decididos a salvar la plaza o morir en el intento.

El único refuerzo con el que contarán, en toda su aventura, serán dos frailes españoles, misioneros en una provincia cercana. De entrada había un cura en el destacamento, el Padre Gómez-Carreño, que fallecería durante el sitio víctima del beriberi y de un catarro intestinal. Dicho refuerzo llegaría todavía en vida del padre, cuando los filipinos enviaron a los dos frailes que tenían "prisioneros" (hay que tener valor para tener prisionero a un fraile) para negociar la rendición de sus compatriotas y se unieron al destacamento. Ambos sobrevivieron al padre Carreño y seguirían en Baler (por la fuerza) al término del sitio.


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El beriberi es una enfermedad que afecta al sistema nervioso y cardiovascular, fundamentalmente por falta de Vitaminas. Esta enfermedad fue más tenaz y efectiva que las fuerzas filipinas. Se llevó a un buen puñado de soldados españoles, sobre todo conforme avanzaba el sitio y menguaban los alimentos. Otro factor fue la higiene. Ambos fueron "paliados" con ocurrencias de primera: procurar dicha higiene preparando una zona de letrina hacia el exterior; la preparación de un pozo para tener agua corriente y la incorporación de las vitaminas, con hojas, frutos, semillas y todo lo que pudieran recolectar en salidas furtivas y/o cosechar en un huerto improvisado.

51 soldados en 300 metros cuadrados, casi a oscuras con un calor constante y una humedad insoportable. Hubo que tomar medidas, a parte de las expuestas arriba, para alimentarse y cuidarse. Oxigenación reacondicionando la iglesia y procurar cierto ejercicio físico para no perder las condiciones físicas y mentales necesarias para resistir un sitio indefinido.

Un grupo heterogéneo que supo intercalar sus habilidades para, como bien dicen los autores de este libro, a quienes dedicaré un par de párrafos al final, exprimir cada cual sus habilidades para soportar el sitio y sacar el máximo rédito a las peores condiciones posibles: no solo fortificaron la iglesia, también hicieron un pozo, una huerta, construyeron letrinas, se hicieron su propia ropa y calzado y, para colmo, aprovecharon hasta el último cartucho sin desperdiciar ni malgastar nada. Una cáscara de naranja, una calabaza... hasta supieron usar las telarañas para curar las heridas propias del combate.

Pues combatieron. No solo contra los filipinos, también contra el hambre, la sed, la enfermedad y lo que es peor, contra traidores. Porque también los hubo: desertores. Pocos, pero los justos para dar a conocer a los filipinos las condiciones en las que sus compatriotas se encontraban y los detalles de inteligencia para conocer cómo estaban equipados y organizados en su resistencia. Pero quiso Dios que ni siquiera los traidores pudieron reducir a los españoles de verdad, de los que se persignan, miran al cielo, besan la bandera y gritan, todos a una, "¡Cierraspaña!"

Todos menos los desertores... cobardes traidores a la Nación que se ofrecieron como mediadores entre filipinos y españoles. Desertores. Despojos desalmados sin patria ni honra ni orgullo ni vergüenza. Desertores...

Cobardes porque viéndose rodeados, asediados y amenazados por el Katipunan desertaron y abandonaron a los suyos.


Martín Cerezo se negó a parlamentar con ellos y advirtió que como viera asomar la cabeza a un desertor traidor se la volarían de un disparo.


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El Katipunan fue el germen del Ejército Revolucionario Filipino. Fundado por el tagalo Andrés Bonifacio fue una Sociedad Secreta formada para boicotear y hostigar a los españoles antes de la insurrección. 

Nada se supo del sitio de Baler hasta seis meses después de comenzar, cuando un periódico de Manila, El soldado español publicó la noticia el 1 de diciembre de 1898. Noticia en la que hablaba del Capitán de Las morenas y su resistencia. Llegaron incluso a telegrafiar a Madrid e inyectaron algo de moral en la opinión pública española tras tantas malas noticias: un grupo de valientes irreductibles mantenían bien alto el pabellón español en aras del cumplimiento del deber, lejos, en Baler. Llegaron a pedir el envío de un buque de guerra para repatriarlos pero la inoperatividad del gobierno de Sagasta (un Rajoy de aquellos días) hizo que la iniciativa se frustrara.


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Los españoles también hicieron salidas. Por ejemplo la de Chamizo y Alcayde, con el doble objetivo de prender fuego a un bahay enemigo (una casa fortificada) y dar moral a la tropa, mermada por las bajas y por la enfermedad.

Incluso los americanos intentaron mediar para rescatar a los españoles. El USS Yorktown intentó repatriar a los nuestros, pero lejos de conseguirlo acabaron perdiendo algunos de los suyos a manos de los filipinos y un buen puñado de ellos quedaron apresados por las fuerzas revolucionarias. No lograron sacar a los españoles de la iglesia ni mucho menos llevarlos a Manila.

Por Baler desfilaron algunas autoridades españolas, del extinto imperio español, sobre todo algún que otro oficial residente en Manila. Martín Cerezo, temeroso de un engaño o de una traición no daba crédito a ninguno de ellos. Uno de los más destacados sería el Teniente Coronel Aguilar, con la misión de evacuar al regimiento tras la firma de paz entre Estados Unidos y España y cedida la soberanía a los americanos. 


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Nunca contemplaron la capitulación. Solo tenían una opción, resistir hasta el final, aunque pasados los trescientos días de asedio empezaron a concebir la idea de hacer otra salida, la definitiva, para huir hacia Manila. Una huida que provocará un quebradero de cabeza a Martín Cerezo. Tenían dos traidores entre los suyos, apresados desde hacía tiempo, a espera de un juicio. Los tenían retenidos por intento de fuga y traición. Pero el dilema se presentó llegado el momento para preparar la fuga hacia Manila: no podrían huir con los dos traidores. No podrían llevarlos consigo: si es encadenados porque entorpecerían la marcha, si iban libres porque podrían volver a traicionar a los suyos, y delatarlos, causando la perdición de todo el grupo. En este punto Martín Cerezo se la jugó ejecutándolos antes de la fuga.

En medio de los preparativos, a la espera de una bajada de guardia de los filipinos, Martín Cerezo releyó un periódico y cayó en la cuenta de una de las noticias de movimiento de personal en el que Francisco Díaz Navarro había sido destinado a Málaga. Esta lectura hizo que comprendiera que era cierto, que Filipinas ya no formaba parte de España. Díaz Navarro era su amigo y en su momento, el uno fue destinado a Cuba y el otro a Filipinas. Martín Cerezo sabía que tanto la novia como la familia de su amigo vivían en Málaga, ergo esta noticia no podrían habérsela inventado.

Cambia toda la película.

Toca hablar con los filipinos.

Al final se pudo negociar una salida honrosa y pactada con los oficiales filipinos. Éstos accedieron a aceptar las cláusulas españolas siempre y cuando no resultaran vergonzantes. Ambas partes llegaron a un acuerdo y firmaron. El único borrón fue que no dejaron partir a los frailes, a quienes mantuvieron retenidos. Formalmente "libres" pero sin poder ejercer su ministerio.

El viaje desde Baler hasta Manila es otra historia llena de infortunios y traiciones de los filipinos: palizas, trampas, hasta el robo de la bandera de España. Pero llegaron a Manila y desde Manila llegaron a España y fueron recibidos como lo que eran...


Los últimos héroes del Imperio más grande que jamás haya conocido el mundo


Una vez comentada esta maravillosa lectura no tardaré en comentar 1898: Los últimos de Filipinas. Película del presente 2017 que contó, o pudo contar, y dejó de contar con el asesoramiento de los dos escritores de este libro. Digo "contó" porque en los primeros estadios de su producción ambas partes contactaron y los historiadores se brindaron para ayudar a pulir y limpiar de incongruencias el guión original (en cuya primera escena aparecía un cocodrilo de mar con el brazo de un español entre los dientes, no os digo más...). A pesar de que todo fueron buenas palabras, al final el guionista cubano siguió haciendo de las suyas (ya os las contaré cuando haga de tripas corazón para ver de nuevo la peli, refrescarla y comentarla en el fancine) con el respaldo de su productora. Esto llevó a Miguel Leiva y a Miguel Ángel López de la Asunción a desmarcarse del proyecto y pedir que se eliminaran sus nombres de los títulos de crédito, cosa cumplida a medias por la productora porque desaparecieron de la versión de cine pero están en el DVD. Quizás para valerse de sus nombres y dar algún tipo de criterio, de rigor histórico a una película que podría resumirse en dos palabras: "Oportunidad perdida".


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Acabo de mencionar a los dos autores de este libro: Miguel Leiva y a Miguel Ángel López de la Asunción



Qué deciros de ellos.

Que no puedo comentar un texto, por largo o breve que sea, que haga justicia a 20 años de trabajo.

Porque ese es el tiempo que han dedicado a los héroes en Filipinas.

Una gesta en el tiempo (y en cierto modo, en el espacio) que arrancó Miguel Ángel, apasionado por la épica de los de Baler. Yendo y viniendo, buceando entre documentos: ayuntamientos, parroquias, museos, recuerdos personales de los descendientes de los héroes... 20 años investigando para volcarlos en este libro con la ayuda de Miguel Leiva, quien se sumó al proyecto hace casi una década.

Me consta que reunieron muchísimo más material pero decidieron abreviarlo para condensar la información de verdadero valor, sobre todo para los lectores profanos, para que pudieran recorrer este episodio de nuestra historia de cabo a rabo para ceder todo el protagonismo, cierto es, a los verdaderos protagonistas "los héroes de Baler". Pero no neguemos que sin el trabajo de dos amantes de la Historia, de dos españoles confesos, no habríamos podido salir del error y nos habríamos quedado con el mito sin conocer la verdadera historia de estos españolitos que se partieron el pecho por España.


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No pude asistir a la presentación del libro (por motivos de trabajo) pero mi amigo Chema se hizo con un ejemplar para mi y me lo regaló. Lo devoré y quiso la buena fortuna que, con el paso del tiempo, hablara con ellos y quedáramos para debatir, departir y disfrutar hablando de historia dos de mis amigos, David Feito y Chema, con ambos autores. En dicha cita, prevista para un rato y que se extendió casi cuatro horas, estamparon su libro con estos sellos que habéis ido viendo a lo largo de mi escrito. Estos tampones son reproducciones exactas de los sellos originales. Además son las que salen en la película de 1898.

Estoy seguro de que podría haber profundizado en los protagonistas de esta gesta. Que podría haber explicado a fondo quién fue Enrique de las Morenas, o haberos hablado de Juan Alonso Zayas, incluso del más famoso de todos, Saturnino Martín Cerezo (quien sí aparece un par de veces en este comentario), o el médico, o los frailes... pero no. Aquí hablo de mis impresiones al leer este magnífico libro. Hablo de algunos de los episodios, quizás los que a mi más me han impactado. Hablo y comento, porque si quisiera profundizar en demasía, al final, dada la documentación que contiene el libro, terminaría parafraseando y copiando párrafos enteros que no tienen desperdicio. Con esta entrada espero haber descubierto a alguno de vosotros este episodio de nuestra historia. Mucho más largo y profundo de lo que yo he escrito y descrito. Es más, espero, de corazón, haber despertado vuestra curiosidad y haber logrado que alguno de vosotros se decida a comprar este libro y descubra que solo he arañado la superficie de un diamante en bruto pulido por sus dos autores con pasión y rigor.


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No me queda más que despedirme, y lo haré haciendo mío el grito que tantas y tantas veces ha dado fuerza física y moral a nuestras tropas, sea dentro de España, sea en cualquier rincón de este maravilloso orbe que habló y sigue hablando español de norte a sur, de oeste a oeste incluido en Cataluña.


¡Cierraspaña!


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