Mostrando entradas con la etiqueta Capa y espada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Capa y espada. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de enero de 2014

Cyrano de Bergerac

Cyrano de Bergerac
Edmond Eugene Rostand
Editorial Aguilar

De capa y espada escribía mi mano al hablar de Alatriste.

Sea pues de capa y espada, y de pluma en ristre que llega Cyrano.

Cyrano de Bergerac - Cyrano de Bergerac sodado de Gascuña - Edmond Eugene Rostand - Literatura francesa - El troblogdita - ÁlvaroGP SEO
Cyrano de Bergerac - Cyrano de Bergerac sodado de Gascuña - Edmond Eugene Rostand - Literatura francesa - El troblogdita - ÁlvaroGP SEO

Personaje impar donde los haya, Cyrano de Bergerac es uno de los más celebrados de la literatura francesa. Preñado de virtudes y defectos, de orgullo y amor, de sensibilidad y de soberbia.

Un Cyrano imbatible rendido a su Beatriz: Roxana. Cercana y distante, familiar y extraña. Un Cyrano sensible capaz de ir a la guerra y batirse con el enemigo, (a la sazón: España), para proteger al amado de su amada, Cristián, un cadete de Gascuña.

Se trata pues de un soldado francés, en una época en que Francia no era todavía lo que llegaría a ser después, otro Imperio europeo.

En la ficción, pues en la Historia Rostand escribió esta obra en 1897, (el estreno en Madrid fue en 1899), unos pocos años después de rendir la Alsacia-Lorena al Imperio Alemán (o Segundo Reich). La resaca imperial hacía que el orgullo nacional estuviera herido. Esta fue una de las primeras obras literarias que ayudaron a los franceses a recuperarlo. Al fin y al cabo, no les quedaba más remedio que entregar el testigo hegemónico a otras potencias emergentes.

Pero retomemos la ficción: Cyrano es uno de los personajes más grandes de la literatura universal, pero no precisamente por ser el héroe clásico al que estamos acostumbrados.

Cierto es que era un héroe entre sus camaradas gascones, y como tal, un héroe para sus paisanos que celebraban y aumentaban sus gestas en la batalla… Y en la reyerta, pues larga se alargaba su sombra sobre los cadáveres de aquellos que osaban a un duelo retarle.

No menos cierto que era un erudito capaz de recitar a los poetas de todos los tiempos, un Quijote versado más en poesía que en la prosa.

Hombre grande (perfectamente caracterizado por Gerard Depardieu) y corpulento, rápido con el florete y acertado con el mosquete.

Y ágil. En la guerra, pues sabía presto dónde había que cubrir una posición que flaqueaba, luchaba como el rayo y alentaba a los camaradas. Ágil en el duelo, pues sobrevivió a cuantos le retaron, que fueron sin duda muchos menos de a los que él había retado, así como ágil a la hora de provocarlo. Pero había una faceta suya en la que nadie le igualaba, ya he dicho que era ágil con la espada, pero más lo era aún con la lengua, cosa que sabía y en ella se gustaba.

Un solo "pero" le alejaba de su amada, un "pero" (maldito y disyuntivo) que lo traumatizaba y avergonzaba, un "pero" con forma de apéndice nasal descomunal, que aunque a las citas a su portador se anticipaba, nadie en la Corte mencionar osaba. Y es que si Aquiles era frágil en su talón, en Cyrano el punto débil era su nariz, un "pero" como una pera.

Nariz que todos conocían y todos fingían que no existía. Una mirada, un guiño, un gesto sospechoso, una risita ahogada, una rima de aprendiz, o una alusión velada… Eran motivo más que certero de batirse en duelo con su portador, y eso (tal era su destreza con el acero) no significaba otra cosa que la muerte con un palmo de odio entre las costillas.

Conocemos pues todas sus virtudes. Y creo haber hecho hincapié en su único defecto (un problema de narices). Estos son los mimbres con los que se nos presenta a Cyrano, que para más inri, es orgulloso como él solo, orgulloso hasta la médula, cosa que como muchos incluirían entre los defectos, y el presente lo afirmaría como virtud, lo dejo en tablas y seguimos con lo nuestro.

Y Roxana… Su prima, su amor, su perdición.

Roxana era la dama que ya de pequeño le robó el corazón. Por ella vivía, por ella respiraba y suspiraba. Por ella arrebataría todo, por ella se dio todo.

Un hombre indómito, fiero, peligroso, (que se batiría en duelo hasta con Hércules si este no pusiera los pies en polvorosa al verle asomar la nariz) rendido al Amor.

Amor platónico, amor dantesco donde los haya, por sus consecuencias, por idolatrado y por inalcanzable. Amor que le parte el corazón cuando recibe un encargo de la propia Roxana para que vele y proteja a su amado, un tal Cristián, cadete de Gascuña. Y maldita la gracia que le hace al pobre Cyrano, pero lo hace, porque siendo de palabra, que lo era, una vez empeñada ésta queda sometido a la voluntad de su amada.

Ingenua Roxana, posó sus ojos en un bello soldado, en un poeta (inepto), y rindió su corazón a los versos que él la recitaba a los pies de su balcón. Ingenua Roxana que no supo ver que en la persona a la que amaba latían dos corazones, dos voluntades, dos lenguas hablaban, pero sólo una mano escribía las cartas del amante que ella aguardaba y guardaba emocionada mientras por Francia luchaba.

Orgullo.

Orgullo de amor, orgullo de combatiente, orgullo de amigo, orgullo individual, orgullo de talento y de talante, orgullo letrado e ilustrado. Ése es Cyrano, Orgulloso hasta la muerte y fiel para con todo aquello a lo que ha jurado lealtad.

Genio y figura hasta la sepultura.

¿Se puede pedir más?

domingo, 29 de diciembre de 2013

El Capitán Alatriste

El capitán Alatriste - Arturo Pérez-Reverte - Arturo (y Carlota) Pérez-Reverte - Editorial Alfaguara - Tercios Españoles - Tercios - España - ÁlvaroGP - Álvaro García - el troblogdita - Contenidos digitales - Content Manager
El capitán Alatriste - Arturo Pérez-Reverte - Arturo (y Carlota) Pérez-Reverte - Editorial Alfaguara - Tercios Españoles - Tercios - España - ÁlvaroGP - Álvaro García - el troblogdita - Contenidos digitales - Content Manager


El Capitán Alatriste

Arturo (y Carlota) Pérez-Reverte
Editorial Alfaguara


Cuando al “¡Cierra, España!” el tambor redoblaba
Cuando al ondear la Cruz de Borgoña, Europa temblaba
Cuando Toledo se conocía por el acero que templaba

Cuando el mundo por montera no era fanfarronada
Cuando la sangre hervía por una mala mirada
Cuando se limpiaba la honra a estoque y espada

Cuando nuestras letras abanderaban un Siglo de Oro
Cuando los artistas pintaban con gustoso decoro
Cuando con nobleza se agasajaba a la piel de toro

Cuando orgullosos marchaban sin tacha los Tercios
Cuando su gloria regalaban a dirigentes necios
Cuando de enemigos sembraban las costas de pecios

Cuando austeros ceñían sombrero de ala ancha y capa
Cuando vino bebían y de jamón y queso era la tapa
Cuando empuñaban espada por el Rey y por el Papa

Cuando victoriosos venían los Héroes de Flandes
Cuando arrogantes sus mandos de España eran Grandes
Cuando su fama alcanzaba Madrid, Manila y los Andes

X -


“Cuando” Arturo Pérez-Reverte mojó la punta de la pluma en tinta y se decidió a dar cuerpo y alma a Diego Alatriste regaló a la Literatura española uno de los personajes más alabados del siglo XX


Un Diego Alatriste que le sobrevivirá y con el tiempo su fama alargará, al ser germen de una saga que rescata lo más florido y hermoso de la novela histórica romántica. Un género poco cultivado en España, rica en Historia, prolífera en ficción, pero parca en figuras heroicas y personajes de renombre. Ojo, de ficción, porque reales e históricos los tenemos, pero escondidos...

Desde que el más grande acabara de un plumazo con los romances de caballerías dando paso a la novela, tal y como hoy en día la conocemos, no ha habido en España un autor capaz de esgrimir argumentos que ensalcen a un personaje a través de sus actos como lo ha hecho Pérez-Reverte al crear a Alatriste… Para nuestro deleite.

Arturo… Y Carlota, su hija


Desconozco en qué medida influyó en su padre para incitarle o ayudarle a escribir El capitán Alatriste, pero ya en la solapa del primer libro la menciona como coautora del mismo, mientras estudiaba 8º de EGB. Eso es educación, ¡voto a bríos!, cuantos genios se perderán hoy en día en el botellón.

Un Arturo capaz de escribir en sus ratos libres en las largas jornadas de reportero de guerra, volviendo incluso a rescatar la costumbre decimonónica de escribir novela por entregas en un periódico de tirada nacional, reuniendo todos los ingredientes para convertirse en un romántico de pura cepa, y quedan pocos: ¡doblo el voto a bríos!

Capa y espada... según Umberto Eco


El Capitán Alatriste conjuga todos los elementos necesarios para ser una de mis lecturas recomendadas. A mí me fue recomendada por mi amigo José María. La capa y la espada, tal como defendiera Umberto Eco en el Congreso Internacional: Narrare la Storia en la ciudad de Mantua, en noviembre de 2002, refiriéndose a Dumas: “El romance de capa y espada elige un pasado “real” y reconocible y lo puebla de personajes registrados en la enciclopedia, (…), a los que les hace cumplir un papel que no registra la enciclopedia, (…), pero que tampoco la contradice”. Mención obligada a Eco, (El nombre de la Rosa), que no creo desagrade a Pérez-Reverte por cuanto creo que lo estimará, y no menciono a Dumas, a quien seguro ha devorado en su infancia por el estilo que destila sin recurrir a El club Dumas…

Y si lo decía Umberto Eco, poco más tengo yo que aportar, salvo mi opinión, y tratándose de mi rincón, me extenderé un par de párrafos…

Se trata pues de literatura para entretener, y vaya si entretiene, vuelvo a recordar al amigo que me la recomendara, ¡redoblo el voto a bríos!, copa de vino en la siniestra, libro abierto en la diestra leyéndonos, (el plural delata a una audiencia concurrida), pasajes de la obra, párrafos enteros, insuflando el ardor patriótico de los protagonistas, y encendiéndome la necesidad de comerme a Alatriste por los pies.

Esto en cuanto al texto.

Porque el contexto no desmerece…

Al hablar de Kipling (El libro de la Selva) mencioné su vida dentro del Imperio Británico. Arturo Pérez-Reverte no vivió esa etapa pretérita, (seguimos descubriendo que aún no hemos tocado fondo), pero la describe como si hubiera peleado codo con codo con el capitán. Su manera de ambientar la Villa y Corte de la época, esos paseos por el Madrid de los Austrias y por el plano de Teixiera, ese costumbrismo desbocado que hace que entendamos a la perfección las escenas en La taberna del turco, ese orgullo altanero del español descarado: castellanos sobrios, (en sus dos primeras acepciones según la RAE, la tercera… A veces), espartanos, de mirada templada y mano ligera, de verbo escueto y certero: como su acero.

Poco más diré del contexto, para eso los versos improvisados que emanaban de mi persona mientras tamborileaba en el teclado buscando unas palabras para comenzar esta presentación.

Y con tanto Alatriste, tantos Tercios, tanta Villa y Corte y tanto pasado, me vais a permitir que lo diga para terminar, porque si no, reviento:

¡Santiago cierra, España!


También he comentado la película Alatriste en el fancine


El capitán Alatriste - Arturo (y Carlota) Pérez-Reverte - Ed. Alfaguara - ÁlvaroGP - Álvaro García - el troblogdita
El capitán Alatriste
Arturo (y Carlota) Pérez-Reverte - Ed. Alfaguara
ÁlvaroGP - Álvaro García - el troblogdita

X -