domingo, 29 de diciembre de 2013

El Capitán Alatriste

El capitán Alatriste - Arturo (y Carlota) Pérez-Reverte - Ed. Alfaguara - ÁlvaroGP - Álvaro García - el troblogdita
El capitán Alatriste
Arturo (y Carlota) Pérez-Reverte - Ed. Alfaguara
ÁlvaroGP - Álvaro García - el troblogdita


El Capitán Alatriste
Arturo (y Carlota) Pérez-Reverte
Editorial Alfaguara

Cuando al “¡Cierra, España!” el tambor redoblaba
Cuando al ondear la bandera, Europa temblaba
Cuando Toledo se conocía por el acero que templaba

Cuando el mundo por montera no era fanfarronada
Cuando la sangre hervía por una mala mirada
Cuando se limpiaba la honra a estoque y espada

Cuando nuestras letras abanderaban un Siglo de Oro
Cuando los artistas pintaban con gustoso decoro
Cuando con nobleza se agasajaba a la piel de toro

Cuando orgullosos marchaban sin tacha los Tercios
Cuando su gloria regalaban a dirigentes necios
Cuando de enemigos sembraban las costas de pecios

Cuando austeros ceñían sombrero de ala ancha y capa
Cuando vino bebían y de jamón y queso era la tapa
Cuando empuñaban espada por el Rey y por el Papa

Cuando victoriosos venían los Héroes de Flandes
Cuando arrogantes sus mandos de España eran Grandes
Cuando su fama alcanzaba Madrid, Manila y los Andes

“Cuando” Arturo Pérez-Reverte mojó la punta de la pluma en tinta y se decidió a dar cuerpo y alma a Diego Alatriste regaló a la Literatura española uno de los personajes más alabados del siglo XX.

Un Diego Alatriste que le sobrevivirá y con el tiempo su fama alargará, al ser germen de una saga que rescata lo más florido y hermoso de la novela histórica romántica. Un género poco cultivado en España, rica en Historia, prolífera en ficción, pero parca en figuras heroicas y personajes de renombre.

Desde que el más grande acabara de un plumazo con los romances de caballerías dando paso a la novela, tal y como hoy en día la conocemos, no ha habido en España un autor capaz de esgrimir argumentos que ensalcen a un personaje a través de sus actos como lo ha hecho Pérez-Reverte al crear a Alatriste… Para nuestro deleite.

Arturo… Y Carlota, su hija. Desconozco en qué medida influyó en su padre para incitarle o ayudarle a escribir El capitán Alatriste, pero ya en la solapa del primer libro la menciona como coautora del mismo, mientras estudiaba 8º de EGB. Eso es educación, ¡voto a bríos!, cuantos genios se perderán hoy en día en el botellón.

Un Arturo capaz de escribir en sus ratos libres en las largas jornadas de reportero de guerra, volviendo incluso a rescatar la costumbre decimonónica de escribir novela por entregas en un periódico de tirada nacional, reuniendo todos los ingredientes para convertirse en un romántico de pura cepa, y quedan pocos: ¡doblo el voto a bríos!

El Capitán Alatriste conjuga todos los elementos necesarios para ser una de mis lecturas recomendadas, (a mí me fue recomendada por mi amigo José María). La capa y la espada, tal como defendiera Umberto Eco en el Congreso Internacional: Narrare la Storia en la ciudad de Mantua, en noviembre de 2002, refiriéndose a Dumas: “El romance de capa y espada elige un pasado “real” y reconocible y lo puebla de personajes registrados en la enciclopedia, (…), a los que les hace cumplir un papel que no registra la enciclopedia, (…), pero que tampoco la contradice”. Mención obligada a Eco, (quien tendrá su propio espacio en este rincón), que no creo desagrade a Pérez-Reverte por cuanto creo que lo estimará, y no menciono a Dumas, a quien seguro ha devorado en su infancia por el estilo que destila sin recurrir a El club Dumas…

Y si lo decía Umberto Eco, poco más tengo yo que aportar, salvo mi opinión, y tratándose de mi rincón, me extenderé un par de párrafos…

Se trata pues de literatura para entretener, y vaya si entretiene, vuelvo a recordar al amigo que me la recomendara, (¡redoblo el voto a bríos!), copa de vino en la siniestra, libro abierto en la diestra leyéndonos, (el plural delata a una audiencia concurrida), pasajes de la obra, párrafos enteros, insuflando el ardor patriótico de los protagonistas, y encendiéndome la necesidad de comerme a Alatriste por los pies.

Esto en cuanto al texto.

Porque el contexto no desmerece…

Al hablar de Kipling (El libro de la Selva) mencioné su vida dentro del Imperio Británico. Arturo Pérez-Reverte no vivió esa etapa pretérita, (seguimos descubriendo que aún no hemos tocado fondo), pero la describe como si hubiera peleado codo con codo con el capitán. Su manera de ambientar la Villa y Corte de la época, esos paseos por el Madrid de los Austrias, ese costumbrismo desbocado que hace que entendamos a la perfección las escenas en La taberna del turco, ese orgullo altanero del español descarado: castellanos sobrios, (en sus dos primeras acepciones según la RAE, la tercera… A veces), espartanos, de mirada templada y mano ligera, de verbo escueto y certero: como su acero.

Poco más diré del contexto, para eso los versos improvisados que emanaban de mi persona mientras tamborileaba en el teclado buscando unas palabras para comenzar esta presentación.

Y con tanto Alatriste, tantos Tercios, tanta Villa y Corte y tanto pasado, me vais a permitir que lo diga para terminar, porque si no, reviento:

No hay comentarios:

Publicar un comentario